La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos. (Alejandra Pizarnik)

La poesía arrebató la vida de Alejandra Pizarnik (1936-1972), poetisa y mujer, argentina de ascendencia eslava, admiradora de París, Janis Joplin, la condesa Bathory y  Julio Cortázar.

Acaban de publicarse de nuevo sus Diarios escritos desordenadamente entre 1952 y 1972. En ellos la mujer y escritora desgrana sus pesadillas, ensaya sus poemas y vuelca trozos de su intimidad: la infancia, sus ancestros, la familia, el idioma, la sexualidad, la muerte, la soledad, el amor…Alejandra Pizarnik pobló su periplo vital de poesías desgarradas, gritos de carne y sangre, sexo y pasión, desesperanza y pasión. No fue comprendida ni conocida en su tiempo, hoy es una de las más grandes creadoras de poesía de todo el siglo XX.

«Mi cuerpo se revuelve, hago el amor con la poesia ,
músculo a músculo, tarjeta a tarjeta «


Alejandra Pizarnik
Alejandra Pizarnik (1936- 1972), estaba hecha de poesía, versos , drama y un atroz dolor al comprobar que esa materia de la que se forjan los sueños, no podía vencer a la fría y dura realidad.
El descubrimiento vital y poético de una escritora como Alejandra Pizarnik supone la revelación súbita de la belleza, aun aherrojada por el caos de su existencia, su depresión, vacío y suicidio final que ella adelanto y presintió en unos versos impresionantes:

Alejandra «subordinó totalmente su vida a esas noches en que escribir es una tarea alucinada» «experimentando los paraísos artificiales» de Baudelaire para «explorar zonas fronterizas de conciencia«.

“La noche tiene el color de los párpados del muerto. 
La muerte de mi padre alumbró mi propia muerte «.

En “Vértigos o contemplación de algo que termina”, segundo poema de “Extracción de la piedra de locura”, escribe Alejandra:

“Esta lila se deshoja

Desde sí misma cae

y oculta su antigua sombra.

He de morir de cosas así”.

Es en este libro mágico donde se percibe el drama de su abismo personal, igual al que sintieron y sufrieron  sus poetas malditos tan amados, en especial Rimbaud, Lautréamont y, más cercanamente, Antonin Artaud.

Alejandra Pizarnik ha renunciado a la vida y con ello ha transgredido toda clase de códigos dibujando experiencias límites de locura y muerte.

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?


Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos


Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo

 

Su obra poética recopilada en una bella edición de Obras Completas (Editorial Lumen) se compone de las  siguientes obras: «La tierra más ajena» en 1955, «La última inocencia» en 1956, «Las aventuras perdidas» en 1958, «Árbol de diana» en 1962, «Los trabajos y las noches» en 1965, «Extracción de la piedra de locura» en 1968, «El infierno musical» en 1971 y «Textos de sombra y últimos poemas», publicación póstuma en el año 1982.

Todas ellas impresionantes. líricas, entre el surrealismo, el erotismo y la poesía pura. No se parecen a nadie, son ella misma.

Descubre su cuerpo y se ahoga en pasiones ocultas, cuerpo y deseo, admiradores y mujeres con las que experimenta un sexo diferente pero seductor. Alejandra escribe sin embargo:
Las noches frias de invierno . Noches en que oprimo desesperadamente la almohada suspirando por transformarla en un rostro humano , y acaricio mi sexo, y mis labios acarician el vacío…no quiero amantes que desordenan mis horas de estudio. Pero deberían crearse burdeles especiales para mujeres artistas “ .
La muerte de su padre le devuelve a Argentina donde trata de reconstruir una existencia que poco a poco se deshilacha entre versos, decepciones y soledad, Alejandra comienza a padecer depresiones y ha de recibir tratamiento psiquiátrico, pero los doctores que la tratan , y que ella odia, no aciertan a acariciar su alma . Ella lo expresa en su profunda : “La extracción de la piedra de la locura»,  como si los médicos fueran capaces de encontrar esa piedra en el interior de su mente y extraerla para liberarla definitivamente.
Pero cuando escribe en las paginas de su Diario secreto, sus palabras adquieren una claridad sobrecogedora :
“Mi soledad maúlla, la tapo con promesas vagas, Algun día encontraran este Diario y será antiguo, algún día verán mis fotos y se reirán de la moda actual . El vanguardismo sera clasicismo y otros jóvenes rebeldes se reirán de él».

Alejandra Pizarnik pasa una nueva temporada en el hospital psiquiátrico, la «cárcel»según sus intimos escritos.

Logra salir para un permiso, sus amigas no creen que deban alarmarse pese a que ha tenido varios intentos de suicidio que no terminan de tomarse en serio.

«En mi mirada lo he perdido todo.
Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay»

En septiembre de 1972 sale unos días del sanatorio donde esta ingresada , al que ella considera una cárcel , se refugia en su casa llena de muñecas, libros , imágenes de Greta Garbo y discos de Janis Joplin. Allí escribe sus últimos versos, le envía unas fotos a Julio Cortazar en las que aparece desnuda y se dispone a dar el ultimo paso, el mas decisivo

El  25 de septiembre de 1972 enn el 980 de la Calle Montevideo de Buenos Aires, departamento C del séptimo piso, 50 pastillas de Seconal sódico son ingeridas por escritora de  36 años que teme a la locura y a la vejez aún lejana. Que ha llegado a escribir con patetismo: “dediqué mi vida a la poesía y ahora descubro que la poesía no le importa a nadie».

En aquella habitación, junto a su cuerpo, encontraron escrito en un pizarrón: “No quiero ir nada más que hasta el fondo”. Su cuarto  decorado con fotos de Greta Garbo y discos de Janis Joplin, estaba lleno de muñecas destartaladas y maquilladas, libros apiñados, lápices de colores que ella coleccionaba como manía personal y los papeles dispersos de sus últimos escritos y poemas.

En mi obra de teatro Tres poemas de mujer   he recreado los ultimos momentos de Alejandra Pizarnik. La obra cuenta el desenlace vital de tres poetisas de destino trágico: Delmira Agustini, Alfonsina Storni y Alejandra.

En sus escenas Pizanik se enfrenta a su vida y a su muerte en compañía de su amiga intima la escritora Olga Orozco. Pasa revista a su pasado, sus ilusiones, sus amores y desamores (Alejandra sufrió terribles desengaños, amó a hombres y mujeres y solo encontró la sombra de la poesía, su unica compañera fiel). 

 «Mi cuerpo se revuelve, hago el amor con la poesía, músculo a músculo, tarjeta a tarjeta».


No hay más palabras, ni más reflexiones, solo su poesía, sus versos, su vida, Alejandra Pizarnik.

Todo continúa igual.

Alejandra Pizarnik tenía 36 años.

Y todo continuará igual.

Aquel verano que no pudo acabar,

ni lo podrá hacer ahora.

Todo puede ser nada

MARIBEL MARIN JIMÉNEZ

 

He dedicado mi vida a la poesía y ahora descubro que no le interesa a nadie. En el fondo odio la poesía, es una condena a la abstracción, pero no puedo vivir sin ella. Mis contenidos imaginarios son tan fragmentarios, tan divorciados de la realidad que temo en suma dar a luz nada mas que monstruos».
Alejandra Pizarnik murió aquel día de septiembre de 1972, pero los monstruos de su imaginación son hoy un puñado de versos de radical belleza que no pueden leerse sin sobrecogimiento.
Y esa es la profunda esencia del arte.
Poesía cruel y fascinadora que ya ha cobrado su presa. Poesía que renace en cada lectura, en cada descubrimiento.

 

 

 

 

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