ESTAMPAS CULTURALES

ESTAMPAS CULTURALES

 

La estética acaricia el arte a través del íntimo proceso de la creación. El goce estético se caracteriza por ser inteligente. El placer esté-tico tiene además una cierta razón objetiva: la obra de arte deleita porque posee un poder seductor que va más allá de la apariencia. La metáfora como interpretación de la realidad es el elemento culminante de este pro-ceso y la imaginación su elemento creador La creación artística –nos recuerda Ortega– es una manifestación de la vida. Julián Marías completa esta reflexión incardinando la creación y el arte en su concepción de la Antropología metafísica.

La estética, en su sentido conceptual –aspiración a la belleza–, pertenece a la antropología en sus núcleos de sensibilidad e instalación corpórea. Pero la crea-ción artística –el hombre que crea– entra de lleno en el terreno de la metafísica, de la vida humana que se proyecta cada día hacia el futuro.Según Marías (1947), un aspecto de lo real es el constituido por las regiones latentes e incluso imposibles que están más allá de posible realización. Los im-pulsos hacia las regiones irrealizables del mundo son los que sirven de base a la consideración del arte. El hombre es una realidad hecha de pasado y de futuro, de carencias y de sueños, sus posibilidades están siempre abiertas. Las creaciones artísticas dan un horizonte de vida nueva y exploran las realidades imaginarias donde las personas pueden soñar en mundos nuevos. El arte –en suma– posee una irrenunciable vocación de sueño. La primera manifestación de la expresión humana es su cuerpo.

Como ya indicaba Ortega (1983), el cuerpo, como las manifestaciones artísticas, posee su propio significado. Refleja nuestras pretensiones y nuestras esperanzas. Comunica nuestra intimidad al mundo exterior. Por eso cada época, cada generación, exhibe una fisonomía única. Es decir, una estética propia, que Marías (1947) examinará a fondo: Como en el caso del cuerpo humano, las artes tienen una función semántica y comunicativa. Lo mismo que ocurre con el cuerpo humano, que con los adornos salva la distancia entre la belleza de los objetos naturales y los artificiales. El punto de partida para la comprensión artística desde la filosofía contemporánea es sin duda Husserl y su fenomenología

Al igual que Borges en El Jardín de senderos que se bifurcan, Marías reconoce que en la creación artística, el hombre puede saltar la limitación de su estructura empírica y liberarse de su circunstancia. Gracias al arte, el hombre puede vivir otras vidas, sus obras son ensayos de posibilidades humanas que permiten am-pliar el horizonte del hombre hacia posibilidades insospechadas. ¿Imita el arte a la vida? Otra apasionante pregunta para el análisis de la estética. El sentido estético de la obra de arte, lírica, pintura, música o teatro, va más allá del sentimiento de alegría o tristeza, es decir, de identificación emocional o empática, que esta me produzca. A este tenor, Ortega y Gasset (1991) acentúa: “el objeto artístico es solo artístico en la medida en que no es real. El genio del artista deberá aplicarse en deshumanizar, transformar la realidad en otra nueva realidad, con vida propia”. Y la herramienta fundamental de la estética es la metáfora. En luminosa descripción de Ortega (1991):
La estética acaricia el arte a través del íntimo proceso de creación, que no es sino una manifestación más de la vida humana. La vida en su estado más apasionante, la vida tratando de liberarse de su circunstancia para proclamar la libertad, tan necesaria como imposible. El goce estético se caracteriza por ser inteligente. El placer estético tiene un porqué, una razón objetiva. Esto es, la obra de arte deleita porque posee un poder seductor que va más allá de la apariencia .La creación artística –nos recuerda Ortega– tiene dos movimientos: el de suprimir el objeto o imagen real, por una parte; y por la otra, el de ofrecer, partiendo del primero, un nuevo objeto, la obra de arte. La concepción cristiana del ser humano expone en una especie de apasionante mosaico de realidades las distintas perspectivas: la ética, la estética y la creación. Cada una es independiente, por supuesto, en su estructura y contenido, pero en su núcleo espiritual aspira a una radical unidad íntima. El ángel orsiano, la vida orteguiana, la fe cristiana. En este sentido, la estética del mal puede fascinar por-que posee vida propia –y de hecho lo hace a menudo– pero su misma limitación espiritual la condena a última hora.La libertad es no solo posible sino imprescindible, porque se trata de ópticas diferentes. Por eso existen obras de arte deslumbrantes al margen de la ética de sus autores, al margen incluso de su propia entidad. Pero el alma –que también ha de existir en la obra– es la que se desvanece cuando la estética se convierte en la única expresión. El cine, como arte del siglo XX, protagoniza la estética de las últimas décadas: estrellas, modelos humanos, moda, visión de la historia, fábrica de sueños…Podríamos decir –con Julián Marías– que el mundo, el mundo real, se ha ido acercando a lo que antes había sido el mundo cinematográfico, de manera que vivimos la realidad con ojos que han sido adiestrados para ello por el cine. El mundo real termina en la pantalla, y en ella empiezan mundos imaginarios: el cine es la expresión estética de la vida humana realizada en forma de escorzo, de perspectiva
La belleza no se gusta, se ama, escribió Urbina (2003): para Marías, la belleza se vive, se incardina en la realidad radical. Es pura vida. Puro arte .
https://www.youtube.com/live/oAeVc8vSbzs?si=n6pv016PelrBEn8G
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